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lunes, 16 de mayo de 2016

Le conozco de mis sueños

Sueño con deslizar mis dedos sobre la piel de tu mandíbula. Siento las falangues estáticas, me enfundo los mitones, necesito verte, cerrar los ojos y tocar tu cara. Guardar el recuerdo de tu sonrisa en las yemas de mis dedos. Quiero que mis ojos visualicen la forma de tus labios a la perfección, parpadear deprisa y frenar en seco el parpadeo, abrirlos mucho y observar. Para ojear las formas que hay dentro de tu iris, contra mas avance hacia a ti las pulsaciones de tu corazón aumentarán y tu pupila se dilatará. Entonces sabré los nervios que sientes. Quiero pensar que lo piensas. Tengo que saberlo, tengo que saber que piensas el mismo diálogo;

''-Está enamorada.
-No la conozco.
-Si la conoces.
-¿Desde cuándo?
-Desde siempre. En tus sueños.''

martes, 10 de mayo de 2016

Etéreo.

Sin ti soy solo humo, humo que se eleva por encima de ciudades. Humo que asfixia y desespera al más cuerdo. Surca cada rincón, entre edificios y parques. Sobre la hierba fresca sigue avanzando, no es un buen presagio. Fruto del tormento mi carne se evapora en humo, la ceniza se esparce y se pierde en el aire. Y el humo que se eleva se vuelve difuso. ¿Dónde están tus abrazos? ¿Dónde queda el consuelo de largas horas de tertulia literaria? Coge de nuevo mi mano y brinca dentro de un libro, arrastrame junto a tu locura. Tu vesonia es del tamaño de un rascacielos, toca e inunda todo lo que toca. Quieres llegar alto y a mi me dejas sin aliento, ¿dónde empieza tu sueño y acaba mi pulso? Hoy ya no te encuentro, pues sin ti todo se ha disipado porque sin ti soy solo humo. Humo que se mete entre los coches, casas y matorrales. Efímero e inerte. No pararé hasta que me devuelvas la consistencia de mi carne. Y todos estos órganos vuelvan a la realidad.

martes, 3 de mayo de 2016

Pupilas

Profundo como tus ojos posándose sobre el horizonte, mirando hacia el mar azul lleno de calma. Es de noche y acaricias mis piernas con la misma ternura con la que te abrazas a ti mismo cuando sueñas. Tu respiración tranquila me eleva dentro de la cama. Ni siquiera te percatas de que intento tocarte la mejilla, duermes plácidamente...

Pero no es ahora mientras tu caja torácica se ensancha cuando más me inspiras tranquilidad, si no en el momento exacto en el que estas apunto de besarme. Te acercas a apresarme como si me fuera a escapar, y quien fuera tan tonto de huir de estos besos. Aunque los besos más dulces son los de la tarde, al volver de trabajar, cuando tus brazos son mi soporte para otro día más. Y por un momento me escapo del círculo del tedio, me evado y huyo. Hipnotizada por tu calidez, embriagada por tu suavidad hasta el momento de escapar una vez más al mundo onírico...

Allí, adentro me sumergo en mis sueños con ganas de volar. Confiando en mí.